miércoles, 23 de agosto de 2017

CONVALECENCIA








Son las nueve de la mañana, me he bañado y estoy listo para salir a dar clase. Sé que no iré, la enfermedad se empeña en mostrarme lo rápido que puede deteriorarse un cuerpo. No importa, me peino, me visto con mi disfraz de maestro, me pongo los zapatos mejor lustrados que tengo y pienso que es posible salir, que la voluntad y el deseo pueden más que la razón.
  Trato de encontrar aprobación en la mirada de mi perro, pero el sólo se tumba sobre mis pies. Es grato el calor desinteresado de los animales. Ruelas acomoda su cuerpo en mis empeines, en los tobillos. Siento el gruñido de las nueve y treinta de la mañana, es frío, busca bronca, espera afuera de mi casa.
Por fin está mi té, observo el humo lentísimo de la taza, un giro que se prolonga en mi vida, que la va enredando en una espiral de jazmines y miel, trago saliva con esfuerzo, por la nariz entran lentos los anillos de las flores y los néctares. “Qué bellos son tus pechos Sulamita, qué bellos, parecen cabritillos mellizos de leche y miel”.
El perro se ovilla en mis piernas, su cola se enrosca en mis pantorrillas. Bebo un traguito, rezo por saber a lo que sabe el jazmín y la miel. Hace dos días que perdí el olfato. Me gustaría oler unas buenas axilas o las frutas de todo un mercado. Aspiro menos de un segundo de expectación que pasa como un siglo, cae el agua del bambú y forma las primeras ondas en mi cavidad nasal. Un olor verde, un círculo tranquilo, un estanque con dos luciérnagas atizadas.
Mi garganta agradece cada trago, el calor no sube a la cabeza, no me da brío, sólo pone su mano en mi pecho…, tengo cinco años, me han bañado, me han puesto el uniforme azul, no desayuno mi cereal, me derrumbo en la mesa, mi madre pone a calentar el agua en ese pocillo que ha vivido más de una guerra, el calor no sube, acaricia mi frente y luego mi pecho, me abriga… Soy el enfermo mejor vestido de mi casa.

4 comentarios:

  1. Jajajaja, me hace carcajearme final. Me pasa lo mismo. Cuando me siento más de la chingada, es cuando procuro ponerme mis mejores trapos. Buenas letras. Felicidades y un saludo.

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    1. Muchas gracias por pasar al blog y tomarte el tiempo. Saludos y sí, al menos la enfermedad no pudre el estilo. jajaja.

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  2. Interesante relato. Me encantó leerlo.

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    1. Gracias por la lectura y el comentario. Un gran abrazo.

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