jueves, 8 de marzo de 2012

"Y morderte el muslo, el sensitivo ombligo…"



Siempre el maldito punzón del deseo. A veces quisiera creer que hay algo más, no sé: tu voz, tus palabras o tus ojos, pero el dolce stil nuovo no es para mí. Además, fuera máscaras: ¿hay algo más acuciante y sincero que el deseo?, ¿hay un halago mayor que este cuerpo herido de ti, envenenado, corroído cuando te veo y cuando no? Dime, explícame: ¿qué sacrificio mayor puede hacerse que el de querer desmembrarme entero entre tus muslos?
Porque no, lo repito, no hay nada más sincero que la carne, ni más cruel ni más bello; si busco algo que me defina está encerrado en ella. Se alimenta de mí, me hace cometer estupidez tras estupidez, se burla cuando leo, cuando escribo –dice que me engaño– pensando en otra cosa que no sea satisfacer su apetito.
Ha carcomido mi interior o mi interior se ha saturado de ella y no me queda sitio más que para respirar levemente; y si respiro, me obliga a seguir el peso de un perfume, el olor de una piel, de un pubis o a imaginar, como ahora, la densidad de tu aliento mordiendo mi boca.
Quisiera pensar en ti por tus ideas, por lo inteligente que eres –porque vaya, lo eres–. Me gustaría decirte que te admiro, que hablar contigo es encontrar puntos de comunión y desunión, que alumbras ciertas aristas de mi malformada mente. Pero todo ello hace que se atice más esta urgencia que me escalda, la sarna se apura sobre mi tacto buscando de alguna u otra forma carcomerme por tu ausencia, por imaginarte desgarrada entre mi cuerpo. Si pudieras ver cómo el instinto se regodea en mí, de qué forma florece y babea sobre mi falo, quizá me entenderías.
    Y qué te digo, cada palabra me cuesta más, porque ya mis dedos sólo buscan palpar tus muslos, ir subiendo por ellos, remontar tu carne hasta ahogar mi lengua en tus glúteos y morir: una, dos, tres, no sé; tantas veces como fueran necesarias para conseguir unos segundos de paz, la paz que sólo al estar ahíta la carne se consigue.
Aunque después vuelva a supurar por dentro y cuando huyas –porque lo harás– tenga que reemprender la búsqueda, el acoso, alcanzarte y ceñirte en la distancia -como ahora. Sin importar los alfabetos del mundo que tenga que remontar o inventar para cercarte de palabras hasta retenerte, quizá sólo unas horas, unos minutos, pero saber que estás allí, que estuviste conmigo y sólo eso importa.
Si en algo podría disculpar mi comportamiento sería el hecho de que no conozco otra forma de vida y temo –que es lo más probable– que sea ésta la única que posea para soportar todo este peso de realidad, que es demasiado para un animal que se contenta con tener un orgasmo de vez en vez.

8 comentarios:

  1. Querido vago: hay problemas que una esquina de Tlalpan resuelve mejor que un par de horas frente a una pantalla. Ahora que, si hablamos de arte, ha sido el tuyo un texto de lo más diáfano y sincero que te conozco. Salud por las formas y deformaciones de la vida.

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  3. Una vez mas escribes sin decepcionar, éste debe ser uno de mis favoritos, la forma en la que escribes y describes hace que la imaginación fluya... como siempre excelente!

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  4. Como siempre Acuña excelentes escritos y como comentan sin decepcionar a tus lectores jejeje slds y estamos en contacto

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  5. pornografico, puerco, erotico, y muy cierto

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  6. Wow, Roberto!!! Excelente!!! No había tenido tiempo de leer éste pero qué bueno que lo hice. ME ENCANTÓ!!!

    Atte: Aline

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  7. y nada, nada más sincero que la carne...

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